Los cilios ectópicos son una anomalía del desarrollo, generalmente de origen congénito, que ocurre cuando un folículo piloso se forma en una ubicación anormal dentro del tarso palpebral y su conducto de salida emerge por la superficie conjuntival.
Aunque su aparición clínica puede no evidenciarse hasta los primeros meses de vida, se considera que su origen es prenatal o perinatal. Este cilio aberrante suele ser duro, grueso y orientado hacia la córnea, lo que provoca un contacto directo y constante con la superficie ocular.
A diferencia de otras alteraciones como la distiquiasis (donde el pelo emerge desde una glándula de Meibomio) o la triquiasis (donde el pelo normal crece en dirección anormal), los cilios ectópicos en animales atraviesan el tejido conjuntival tarsal, casi siempre en el párpado superior. Es una causa frecuente de úlceras corneales recurrentes y dolor ocular crónico, especialmente en perros jóvenes.
La presencia de cilios ectópicos produce una intensa irritación ocular desde edades tempranas. Los síntomas más comunes incluyen:
Los animales con cilios ectópicos suelen presentar un comportamiento doloroso persistente, y las úlceras corneales no cicatrizan hasta que se elimina el pelo aberrante.
Los cilios ectópicos son considerados una anomalía del desarrollo, generalmente de origen congénito, que ocurre cuando un folículo piloso se forma en una ubicación anormal dentro del tarso palpebral y su conducto de salida emerge por la superficie conjuntival.
Suelen manifestarse entre los 3 y 12 meses de edad y son más frecuentes en ciertas razas caninas, como:
Es muy raro en gatos, y excepcional en otras especies como caballos.
El diagnóstico de un cilio ectópico requiere una exploración oftalmológica detallada, habitualmente con anestesia tópica, que facilita la exploración al aliviar el dolor provocado por el contacto del pelo con la córnea. Las herramientas y pruebas más utilizadas incluyen:
El cilio ectópico no puede observarse a simple vista de forma fiable, por lo que siempre debe evaluarse con aumentos, como los que proporciona la lámpara de hendidura.
El tratamiento de elección para los cilios ectópicos es quirúrgico, ya que los tratamientos médicos solo alivian temporalmente los síntomas, pero no eliminan la causa. El abordaje debe individualizarse en función de la localización del cilio, el número de folículos implicados, la experiencia y preferencias del cirujano.
La depilación manual del cilio no es eficaz, ya que el pelo vuelve a crecer rápidamente desde el mismo folículo y no resuelve el problema de raíz.
Los cilios ectópicos se observan principalmente en perros. En gatos son extremadamente raros, y en especies como los caballos u otros animales se han descrito casos aislados de forma excepcional.
A menudo se manifiestan en animales jóvenes, siendo una causa frecuente de dolor ocular persistente y úlceras corneales en cachorros y adolescentes.
No existe una prevención médica directa, pero sí pueden tomarse algunas medidas de control y manejo:
En la imagen 1, Boston Terrier de 3 años con cilio ectópico en el párpado superior del ojo derecho, causante de úlceras superficiales recurrentes.
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En la imagen 2, Bulldog Francés con cilio ectópico emergente, causando una úlcera superficial, en el párpado superior del ojo derecho.
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En la imagen 3, la localización del cilio ectópico permite observar con claridad cómo el pelo contacta directamente con la córnea y provoca una úlcera. Esta lesión aparece teñida de color verdoso tras la aplicación de fluoresceína, lo que facilita su identificación y evaluación.
Imagen 3
En este breve vídeo, mostramos el procedimiento de extracción de un cilio ectópico, una de las causas más frecuentes de dolor ocular crónico en perros jóvenes. Se aprecia cómo se localiza el pelo anómalo en el interior del párpado y cómo se elimina cuidadosamente con la ayuda de instrumental específico. Es una intervención sencilla pero fundamental para aliviar el dolor ocular y prevenir complicaciones corneales.
Los cilios ectópicos son una causa frecuente de dolor ocular persistente y úlceras corneales en perros jóvenes, especialmente en razas predispuestas. Su diagnóstico requiere una exploración oftalmológica detallada con aumento, ya que el pelo anómalo puede pasar desapercibido a simple vista. La tinción con fluoresceína permite identificar no solo úlceras superficiales sino también las lesiones lineales provocadas por el roce constante del cilio sobre la córnea.
El tratamiento definitivo es quirúrgico, con diferentes técnicas disponibles como la resección directa del folículo, criocirugía, láser o plasma. El manejo médico —incluyendo antibióticos o antisépticos, antiinflamatorios, cicloplegia y, en algunos casos, lentes de contacto— puede ser útil como complemento para controlar síntomas, prevenir complicaciones y favorecer la cicatrización. Sin embargo, la depilación manual no es eficaz.
El reconocimiento precoz de esta alteración y su tratamiento específico son fundamentales para evitar lesiones permanentes y mejorar el bienestar ocular del animal. En los casos de dolor ocular persistente que no mejora o reaparece tras tratamiento, es recomendable realizar una valoración oftalmológica especializada para descartar causas como los cilios ectópicos, que requieren tratamiento quirúrgico.
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